Cuando un niño le pregunta al papa por qué ocurren las cosas malas: el sufrimiento, la fe y el inicio de la resiliencia
Un niño peruano de seis años llamado Renzo le hizo al papa León XIV una de las preguntas más antiguas de la humanidad. La respuesta del papa —enraizada en la presencia más que en la explicación— revela algo esencial sobre cómo se forjan la fe y la resiliencia psicológica frente al sufrimiento.

Cuando un niño le pregunta al papa por qué suceden las cosas malas
Un niño de seis años llamado Renzo se plantó ante el papa y formuló la pregunta con la que filósofos, teólogos y psicólogos han lidiado a lo largo de los siglos.
"¿Por qué les pasan cosas malas a algunas personas y a otras no? ¿De quién es la culpa? ¿Por qué hay tanta gente viviendo en la calle? Nadie los ve; nadie los ayuda."
Renzo es peruano. Su familia huyó de la pobreza extrema y se radicó en el barrio del Raval de Barcelona, un sector densamente poblado donde más de la mitad de los habitantes es de origen migrante. La familia recibe apoyo de un comedor popular administrado por las Misioneras de la Caridad y la Fundación Mano Amiga. Fue allí, el 10 de junio, donde el papa León XIV visitó a la comunidad antes de celebrar la Misa en la Sagrada Familia —una elección deliberada, dijo el pontífice, para tocar el sufrimiento humano en lugar de simplemente admirar la arquitectura eclesiástica.
La pregunta que hizo Renzo no es una incomprensión infantil del mundo. Es la comprensión precisa que un niño tiene de él.
Presencia antes que explicación
El papa León XIV no esquivó la pregunta. Reconoció su dificultad directamente antes de anclar su respuesta en la vida de Cristo: "La palabra de Dios nos dice que Nuestro Señor 'pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos', y sin embargo sabemos que fue crucificado. Pero la historia no terminó ahí, porque resucitó al tercer día, venciendo tanto el mal como la muerte."
La estructura de esa respuesta es significativa. No promete la supresión del sufrimiento. Insiste en la transformación del sufrimiento —y le ofrece a quien padece algo más duradero que una solución: la presencia.
"A través de la vida de Jesucristo, Dios nos muestra que, incluso en medio del sufrimiento, nunca abandona a ninguno de sus hijos. Tengamos confianza; Jesús está con nosotros, ayudándonos y acompañándonos, y dándonos la fuerza para atravesar los momentos difíciles que podamos encontrar en la vida."
Este es el argumento central: la presencia, y no la explicación, es el fundamento de la resiliencia.
Lo que confirma la investigación
La literatura psicológica sobre la resiliencia identifica de manera consistente la construcción de sentido como un factor protector fundamental. En el caso particular de los niños, situar el sufrimiento personal dentro de un marco más amplio —familiar, comunitario o trascendente— se asocia con una menor ansiedad y una adaptación más sólida a largo plazo. Un análisis publicado en 2021 en elJournal of Child and Family Studiesencontró que los niños en hogares económicamente precarios que reportaban un sentido de coherencia espiritual o religiosa obtenían puntuaciones notablemente más altas en los inventarios de resiliencia.
La investigación sobre experiencias adversas en la infancia también muestra que la presencia de aunque sea un adulto de confianza que responde al sufrimiento de un niño con genuina atención modifica de manera significativa las trayectorias del desarrollo. El papa, en ese momento en el antiguo convento de San Agustín, estaba cumpliendo la función de lo que los psicólogos del desarrollo denominan un "ancla relacional".
La disposición a detenerse en la dificultad de la pregunta de Renzo antes de responderla modela algo que terapeutas y agentes pastorales reconocen como fundamental: el valor terapéutico del reconocimiento antes de la intervención.
El inicio de la resiliencia
La pregunta de Renzo no tendrá una respuesta definitiva en su vida, ni en la de nadie. El sufrimiento no es un enigma con solución; es una condición de la existencia humana que exige, una y otra vez, una respuesta viva.
Lo que el encuentro en Barcelona demuestra es que los recursos de la tradición católica para enfrentar esa condición están notablemente alineados con lo que la investigación contemporánea identifica como protector y sanador: narrativas que dan sentido, presencia genuina y la capacidad de sostener el dolor sin ser destruido por él.
Renzo le preguntó al papa por qué suceden las cosas malas. El papa lo orientó hacia una historia en la que el sufrimiento es real, el acompañamiento es cierto y la última palabra pertenece a la resurrección. Esa respuesta no aparecerá en ningún manual clínico. Pero es, por cualquier medida que importe, el inicio de la resiliencia.
Fuente: EWTN News, 10 de junio de 2026. Reportaje de la Oficina del Vaticano.