Cuando el odio empieza a rimar: lo que la violencia contra los cristianos en Tierra Santa revela sobre la persona humana
Un aumento del 40% en la violencia documentada contra cristianos en Jerusalén Oriental e Israel en 2025 no es solo un titular geopolítico. Es una señal de lo que ocurre cuando la gramática del odio no se cuestiona en el nivel de la persona humana.

Cuando el odio empieza a rimar: lo que la violencia contra los cristianos en Tierra Santa revela sobre la persona humana
Los números rara vez generan la misma carga emocional que las imágenes. Sin embargo, los números llevan algo que las imágenes no pueden: patrones. El Centro Rossing para la Educación y el Diálogo ha documentado 155 casos de violencia contra cristianos en Jerusalén Este e Israel en 2025, un aumento del 40% respecto a 2024. Esa cifra, reportada en una entrevista con ZENIT News al obispo Rafic Nahra, obispo auxiliar de Jerusalén de los Latinos, no surge de la nada. Según el obispo Nahra, la radicalización comenzó en 2023, varios meses antes de la guerra del 7 de octubre, y desde entonces ha combinado humillaciones cotidianas con violencia explosiva en algo sistemático.
La palabra sistemático importa. Es la diferencia entre un incidente y un fenómeno. Los fenómenos organizados en torno al desprecio por los símbolos sagrados de un grupo y por su seguridad física tienen consecuencias que van más allá de la política y la geopolítica. Alcanzan la vida interior de las personas.
La estructura de la deshumanización
La entrevista con el obispo Nahra llama la atención por su precisión. Interrogado sobre un video viral de un soldado israelí destrozando un crucifijo en la localidad cristiana de Debel, en el sur del Líbano, y otro soldado profanando una estatua de la Virgen María, rechaza la explicación del incidente aislado. Su razonamiento es metódico: en cada caso interviene más de una persona. Alguien comete el acto. Alguien lo fotografía. Alguien lo publica. Tres roles, tres agentes, un gesto coordinado de desprecio.
La investigación sobre la desvinculación moral demuestra que la violencia contra los símbolos precede y habilita la violencia contra las personas. La deshumanización rara vez comienza por la carne. Comienza por lo que una comunidad considera sagrado. Los 155 casos documentados en 2025 no son ajenos al martillazo sobre el crucifijo. Son su consecuencia directa.
El obispo Nahra establece esta conexión él mismo. Una religiosa francesa fue atacada por la espalda cerca del Cenáculo en Jerusalén. La escalada va del yeso a la carne, del símbolo a la persona. Esto es una gramática, y las gramáticas tienen reglas. Comprender esas reglas es condición previa para interrumpirlas.
La conciencia como primera línea de resiliencia
El obispo Nahra señala que incluso los sabios rabínicos de la antigüedad y la Edad Media entendían que ciertos versículos intolerantes de las Escrituras no podían aplicarse literalmente en contextos históricos distintos. Su punto no es polémico. Es un recordatorio de que toda tradición religiosa lleva dentro de sí los recursos interpretativos para resistir su propia radicalización. La conciencia, formada dentro de la tradición, no es meramente una facultad moral privada. Es también una facultad social.
La antropología católica sitúa la conciencia en el centro de lo que hace de la persona humana un agente y no un mecanismo. Lo que el relato del obispo Nahra revela es lo que ocurre a nivel comunitario cuando esa voz es sistemáticamente acallada —no solo por el fracaso individual, sino por una formación ideológica que sustituye el juicio por el fanatismo.
Reconoce que el agotamiento de los soldados puede explicar en parte la disminución de la vigilancia moral, pero insiste en que no la justifica. Explicar no es exculpar. La persona nunca se reduce a su peor momento, y el peor momento nunca carece de consecuencias.
La resiliencia no es silencio
Las comunidades cristianas de Tierra Santa han ocupado una posición minoritaria durante siglos. Han desarrollado, por necesidad, una resiliencia que no es ni optimismo ingenuo ni resignación pasiva —algo más cercano a lo que los psicólogos llaman afrontamiento activo: el esfuerzo sostenido por mantener la coherencia de la identidad en condiciones que presionan hacia la fragmentación.
El obispo Nahra no minimiza la amenaza. Nombra los fallos estructurales: la débil respuesta del gobierno y la policía, el riesgo de normalización que esto genera, el patrón que distingue un fenómeno recurrente de una anomalía esporádica. Nombrar es en sí mismo un acto de salud psicológica. Las comunidades que no pueden nombrar lo que les está ocurriendo no pueden articular una respuesta coherente.
Los datos del Centro Rossing tienen un significado que va más allá del número titular. Contar es un acto de testimonio. Los 155 casos documentados son 155 actos de testimonio contra el relato alternativo que niega que esté ocurriendo algo sistemático. La resiliencia no es la ausencia de percepción exacta. Es la percepción exacta sostenida dentro de un marco de sentido lo suficientemente amplio como para sostener a la persona en medio de lo que percibe.
Hacia una gramática de la restauración
Las gramáticas pueden reaprenderse. Si existe una gramática del odio —estructurada en torno a los roles de perpetrador, testigo y publicador, organizada alrededor de la deshumanización progresiva de lo sagrado antes de alcanzar a la persona—, entonces existe también una gramática de la restauración.
Comienza con nombrar, que es lo que el obispo Nahra hace aquí. Continúa con el testimonio, que es lo que realiza la documentación del Centro Rossing. Requiere responsabilidad a nivel estructural, que es lo que el obispo Nahra exige al gobierno y a la policía. Y bebe de los recursos profundos de la tradición —no meros repositorios de doctrina, sino marcos vivos a través de los cuales las personas y las comunidades encuentran sentido al sufrimiento.
La antropología católica ofrece una visión de la persona humana fundamentalmente orientada hacia la verdad, el bien y la comunión, incluso cuando el entorno social trabaja activamente por degradar esa orientación. La insistencia del obispo Nahra en que todas las religiones deben estar hoy al servicio de la paz es también una afirmación de orden psicológico. La paz no es simplemente la ausencia de conflicto. Es la condición en la que las personas pueden florecer porque las relaciones que constituyen la vida humana están rectamente ordenadas.
Fuente: ZENIT News / Caffe Soria, "La gramática del odio: entrevista con el obispo Rafic Nahra, obispo auxiliar de Jerusalén", publicada el 30 de mayo de 2026.