Cuando el matrimonio se convierte en una meta: lo que el alejamiento de Estados Unidos del compromiso revela sobre la persona humana

Las tasas de matrimonio en Estados Unidos han caído de más del 90 por ciento entre los 30 y 35 años en 1962 a apenas el 55 por ciento en 2025. Las causas son menos económicas que culturales, y el entendimiento de ellas requiere un marco que tome en serio el verdadero fin del ser humano.

June 8, 2026
Cuando el matrimonio se convierte en una meta: lo que el alejamiento de Estados Unidos del compromiso revela sobre la persona humana

Cuando el matrimonio se convierte en destino: lo que el alejamiento de los estadounidenses del compromiso revela sobre la persona humana

Algo ha cambiado en la manera en que los estadounidenses entienden cómo debe verse una vida. Un análisis de la Heritage Foundation publicado por ZENIT News en mayo de 2026 pone cifras a lo que muchos profesionales de la salud mental, la atención pastoral y los estudios de familia han observado durante años.¹ En 1962, más del 90 por ciento de los estadounidenses se había casado entre los 30 y los 35 años. Para 2025, esa cifra había caído al 55 por ciento. No se trata de una nota al pie estadística. Es una transformación generacional en la arquitectura de la vida humana.

El hallazgo más provocador del informe no es el declive en sí, sino su explicación. Con frecuencia se invocan argumentos económicos, en particular la afirmación de que el estancamiento salarial entre los hombres de clase trabajadora ha hecho que el matrimonio sea económicamente inviable. La investigadora Rachel Sheffield y sus colegas examinan ese argumento con seriedad y lo encuentran insuficiente.¹ Los ingresos ajustados por inflación para los hombres de menores recursos sí cayeron durante las décadas de 1970 y 1980, pero el matrimonio continuó su trayectoria descendente independientemente de si los salarios crecían o disminuían. Los datos resisten una explicación puramente material.

Lo que el informe señala en cambio es una redefinición cultural de la persona humana y de lo que esa persona debe a los demás, a su pareja y al futuro.

El matrimonio como recompensa, no como fundamento

Una de las observaciones más reveladoras tiene que ver con cómo se ha reencuadrado el propósito del matrimonio. Donde las generaciones anteriores entendían el matrimonio como el inicio de una vida compartida, un número creciente de estadounidenses lo aborda ahora como una recompensa. La estabilidad económica y la vivienda propia deben llegar primero. El matrimonio viene después, si es que llega.

Esto refleja una afirmación antropológica más profunda: que el yo debe estar completo antes de poder darse. La lógica es comprensible en una cultura que privilegia el logro individual. Pero invierte la lógica relacional que hace que el compromiso tenga sentido. Una relación cuya condición de entrada es que ninguna de las partes necesite a la otra en nada esencial no es una alianza. Es un arreglo de conveniencia con papeleo legal.

El entendimiento católico de la persona parte de una premisa distinta. La persona humana está orientada hacia la relación no porque los individuos sean deficientes, sino porque la capacidad de donación de sí es constitutiva de la dignidad humana.² El matrimonio no es un destino al que se llega una vez que la persona está plenamente formada. Es uno de los contextos primarios en que la persona se forma en absoluto.

La divergencia que revelan los datos

El informe documenta una marcada divergencia entre grupos educativos y económicos.¹ Entre los estadounidenses con estudios universitarios, aproximadamente el 90 por ciento de los hijos aún nace dentro del matrimonio. Entre las poblaciones de clase trabajadora, las tasas de maternidad y paternidad fuera del matrimonio son considerablemente más altas.³ Esta brecha no es principalmente una brecha de valores —las encuestas muestran de manera consistente que los estadounidenses de todos los niveles socioeconómicos desean relaciones de compromiso duraderas—. Es una brecha en lo que los sociólogos denominan la infraestructura del compromiso: las normas sociales y los modelos relacionales que hacen que una decisión parezca posible y no lejana.⁴

Si el declive obedeciera a preferencias individuales, la respuesta sería la persuasión. Si fuera económico, la respuesta sería política salarial. Pero si refleja la pérdida cultural de marcos que hacen inteligible el compromiso, la respuesta exige algo más fundamental: una explicación coherente de para qué son las relaciones humanas.

Aquí es donde el modelo católico de la persona se convierte en un recurso intelectual genuinamente útil —no un argumento sectario, sino una explicación estructural de por qué el compromiso y la permanencia producen la plenitud humana en lugar de limitarla—.⁵

La dimensión terapéutica

Décadas de investigación han vinculado el matrimonio estable con mejores resultados en indicadores de bienestar: salud física, resiliencia psicológica, seguridad económica y desarrollo infantil.⁶ Los niños criados en hogares estables con ambos padres muestran resultados notablemente mejores en logro educativo y movilidad económica a largo plazo.⁷

La teoría del apego sostiene que los seres humanos requieren vínculos relacionales seguros como una necesidad biológica y psicológica.⁸ El matrimonio, en su mejor expresión, es una escuela de apego seguro: un contexto estructurado en el que dos personas practican mantenerse presentes el uno para el otro en medio de las dificultades.

Lo que el momento cultural actual ha hecho es separar el deseo de esa conexión de la forma institucional que históricamente la ha sostenido. El deseo permanece. Lo que se ha erosionado es la confianza en la necesidad de la institución. Muchas personas buscan un sentido profundo de pertenencia relacional a través de arreglos que ofrecen cercanía emocional evitando el compromiso vinculante. La experiencia clínica tiende a confirmar que este enfoque rara vez proporciona la profundidad de seguridad que promete.⁹

Lo que la redefinición realmente cuesta

La cultura estadounidense ha separado progresivamente el matrimonio de la sexualidad y la paternidad y maternidad. Esa separación refleja una antropología filosófica en la que el cuerpo y sus capacidades están disponibles para el uso individual sin un significado relacional inherente. La sexualidad se convierte en autoexpresión. La paternidad y maternidad se convierten en una opción de estilo de vida. El matrimonio, si sobrevive a esta lógica, se convierte en la celebración de un vínculo ya existente en lugar de una alianza que lo crea.

Los costos se distribuyen de manera desigual. Los estadounidenses con educación universitaria, con redes sociales más densas y lazos institucionales más sólidos, han mantenido en gran medida altas tasas de maternidad y paternidad dentro del matrimonio, incluso adoptando el discurso del matrimonio como algo opcional.³ Las comunidades de clase trabajadora han experimentado las consecuencias de la fragmentación familiar de manera más directa y más severa.⁴ El permiso cultural para tratar el matrimonio como prescindible ha funcionado, en la práctica, como un impuesto pagado principalmente por quienes menos pueden absorberlo.

Este no es un argumento a favor de la coacción ni de la nostalgia. Es un argumento de que las ideas sobre la naturaleza humana tienen consecuencias. La tradición intelectual católica sostiene que la persona es una unidad de cuerpo y alma, de libertad y naturaleza, de dignidad individual e inserción social.² Desde ese punto de partida, compromisos como el matrimonio no son limitaciones del yo, sino expresiones de lo que el yo es más fundamentalmente: un ser capaz de un amor que cuesta algo.

Una perspectiva orientada al futuro

El declive del matrimonio en Estados Unidos no es principalmente un fracaso de políticas públicas ni un síntoma económico. Es una crisis filosófica sobre el significado de la persona humana, y requiere una respuesta filosófica.

La pregunta de por qué cada vez menos estadounidenses se casan es la misma pregunta —formulada de otro modo— que por qué la ansiedad y la soledad van en aumento¹⁰ y por qué los hallazgos de la psicología positiva sobre la plenitud humana siguen apuntando hacia la conexión, el compromiso y la autotrascendencia.¹¹ Responderla bien requiere un modelo de la persona lo suficientemente rico para sostenerlo todo junto. Recuperar y comunicar ese modelo no es una retirada hacia el pasado. Es la contribución más orientada al futuro que este momento permite.

Referencias

  1. Sheffield, R., y colegas. (2026).The decline of marriage in America. The Heritage Foundation. Publicado en ZENIT News, mayo de 2026.
  2. Juan Pablo II. (1981).Familiaris consortio: sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.
  3. Bradford Wilcox, W., & Hymowitz, K. S. (2012).Gender and the marriage gap. Institute for Family Studies. Recuperado de https://ifstudies.org
  4. Murray, C. (2012).Coming apart: The state of white America, 1960–2010. Crown Forum.
  5. Girgis, S., George, R. P., & Anderson, R. T. (2012).What is marriage? Man and woman: A defense. Encounter Books.
  6. Waite, L. J., & Gallagher, M. (2000).The case for marriage: Why married people are happier, healthier, and better off financially. Doubleday.
  7. McLanahan, S., & Sandefur, G. (1994).Growing up with a single parent: What hurts, what helps. Harvard University Press.
  8. Bowlby, J. (1988).A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.
  9. Putnam, R. D. (2015).Our kids: The American dream in crisis. Simon & Schuster.
  10. Cacioppo, J. T., & Patrick, W. (2008).Loneliness: Human nature and the need for social connection. W. W. Norton & Company.
  11. Seligman, M. E. P. (2011).Flourish: A visionary new understanding of happiness and well-being. Free Press.