La lección de fútbol del papa León XIV y lo que la psicología sabe sobre la conexión

Un niño de seis años llamado Renzo le preguntó al papa León XIV si le gustaba el fútbol. La respuesta condensó décadas de investigación psicológica en una sola imagen: el jugador que nunca pasa el balón probablemente pierda. La reflexión va mucho más allá de la ocasión del Mundial que la inspiró.

June 11, 20265 min read
La lección de fútbol del papa León XIV y lo que la psicología sabe sobre la conexión

El pase del que nadie habla

Un niño de seis años llamado Renzo le preguntó al papa León XIV si le gustaba el fútbol. Lo que siguió no fue una digresión papal sobre el deporte.

"El fútbol también nos ayuda a recordar algo muy importante: que la vida no es una carrera que se corre en soledad; es algo que se juega en equipo, y debemos aprender a correr juntos", dijo el pontífice durante su visita apostólica a España, ante miembros de organizaciones diocesanas de caridad y asistencia reunidos en la iglesia de San Agustín en Barcelona. Las palabras se pronunciaron días antes de la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA, el jueves, y fueron reportadas por primera vez por ACI Prensa.

Luego precisó aún más la idea: "Quien podría ser una estrella pero nunca pasa el balón, probablemente perderá".

Detrás de la metáfora deportiva hay una afirmación antropológica que ha ocupado a investigadores y clínicos durante décadas: el yo separado de una comunión genuina con los demás no florece. Se deteriora.

Lo que la ciencia de la conexión ya sabe

La convergencia entre la reflexión del papa León XIV y la literatura empírica sobre la conexión social es estructural, no accidental.

Décadas de investigación en psicología positiva y teoría del apego confirman que la integración social es uno de los predictores más sólidos del bienestar psicológico y la longevidad. El Estudio de Desarrollo de Adultos de Harvard, que ha seguido a sus participantes por más de 80 años, encontró que la calidad de las relaciones fue el factor más consistente para determinar quién envejecía bien, por encima de la riqueza, la inteligencia o los logros profesionales.[^1] Una investigación publicada enPLOS Medicineencontró que contar con relaciones sociales adecuadas se asociaba con una probabilidad de supervivencia un 50 por ciento mayor en comparación con el aislamiento social, una cifra que rivaliza con los efectos sobre la mortalidad de dejar de fumar.[^2] Desde entonces, varios gobiernos han designado ministros con la tarea específica de abordar la soledad.

El jugador que acapara el balón no es solo una carga táctica. En la lectura del papa, ese jugador encarna una incomprensión fundamental de lo que es el juego, y de lo que es la vida.

En una cultura que valora las métricas de rendimiento individual, el número de seguidores y la ventaja competitiva, el instinto de retener en lugar de pasar suele verse recompensado. Sin embargo, las naciones con mayores niveles de individualismo reportan tasas más altas de depresión y trastornos de ansiedad. Los índices de soledad en las sociedades altamente individualistas han aumentado incluso cuando se han multiplicado las herramientas para la autoexpresión. La estrella que nunca pasa no solo pierde el partido; con el tiempo, ese jugador pierde la capacidad de mantener el tipo de relación en la que el verdadero florecimiento humano se vuelve posible.

La alianza terapéutica como evidencia

La comprensión católica cristiana de la persona humana sostiene que el individuo es, por naturaleza, relacional, no como una característica secundaria añadida a un sujeto que de por sí se basta a sí mismo, sino de manera constitutiva. Esta afirmación antropológica tiene un correlato clínico directo.

En entornos terapéuticos, la alianza entre el profesional y el cliente emerge de manera consistente como uno de los predictores más fuertes de resultados positivos, transversalmente a distintas orientaciones teóricas y modalidades de tratamiento. El trabajo metaanalítico de Wampold demuestra que los factores relacionales explican una proporción sustancialmente mayor de la varianza en los resultados terapéuticos que las técnicas o intervenciones específicas, un hallazgo robusto en miles de estudios.[^3] La sanación rara vez ocurre en aislamiento. El espacio importa. La sensación de ser genuinamente visto y acompañado importa de maneras que las herramientas de medición solo pueden aproximar.

La formulación del papa León XIV es precisa: "debemos aprender a correr juntos". No correr en carriles paralelos que ocasionalmente se cruzan.Juntosimplica coordinación, ajuste mutuo y disposición a subordinar el impulso individual al avance colectivo. Tanto en la psicología del deporte como en la psicología clínica, los equipos de alto rendimiento demuestran lo que los investigadores denominan seguridad psicológica: la creencia compartida de que el grupo es un contexto seguro para asumir riesgos interpersonales, donde la dificultad puede reconocerse y la ayuda puede pedirse sin temor al juicio. La analogía con los entornos terapéuticos es directa.

Correr juntos como postura clínica y pastoral

El papa León XIV vinculó la metáfora futbolística a las organizaciones diocesanas de caridad y asistencia reunidas en Barcelona, describiendo su esfuerzo colectivo como exactamente el juego en equipo que había estado elogiando: comunidades que distribuyen el cuidado entre muchas manos en lugar de concentrarlo en un solo protagonista. "Quiero reconocer y valorar todo lo que están haciendo aquí", concluyó.

Ese reconocimiento importa. Los desafíos de salud mental que afectan a las sociedades contemporáneas no pueden ser abordados por ningún profesional, programa o institución por sí solos. Requieren un esfuerzo coordinado y arraigado en la comunidad: personas que corren juntas, cubriéndose mutuamente el terreno, cumpliendo su función sin exigir gloria individual.

Para los profesionales que trabajan en la intersección de la fe y la salud mental, la relación terapéutica no es simplemente un medio para un fin. Es una concreción de aquello mismo que intenta restaurar: la conexión humana genuina. La alianza no es ruido de fondo. Es la intervención.

La estrella que pasa el balón crea las condiciones para que otros puedan anotar. Eso, en definitiva, es lo que significa ganar.

Referencias

[^1]: Robert Waldinger y Marc Schulz,The Good Life: Lessons from the World's Longest Scientific Study of Happiness(Nueva York: Simon & Schuster, 2023). El Estudio de Desarrollo de Adultos de Harvard ha seguido a sus participantes por más de 80 años; la calidad de las relaciones fue el predictor más consistente de un envejecimiento saludable en todas las cohortes.

[^2]: Julianne Holt-Lunstad, Timothy B. Smith y J. Bradley Layton, "Social Relationships and Mortality Risk: A Meta-analytic Review",PLOS Medicine7, núm. 7 (2010): e1000316. El estudio agrupó datos de 148 investigaciones y encontró una probabilidad de supervivencia un 50 % mayor en quienes contaban con relaciones sociales adecuadas.

[^3]: Bruce E. Wampold y Zac E. Imel,The Great Psychotherapy Debate: The Evidence for What Makes Psychotherapy Work, 2.ª ed. (Nueva York: Routledge, 2015). Los metaanálisis de Wampold muestran de manera consistente que los factores comunes, especialmente la alianza terapéutica, explican una mayor varianza en los resultados que las técnicas de tratamiento específicas.

Related — justice affability